sábado, 11 de agosto de 2012

PREGON DE SEMANA SANTA 2012


PREGÓN DE LA SEMANA SANTA VILLACAÑERA

El bronco sonido de un tambor rompe el silencio de la noche presagiando la tragedia que se cierne  temible como una amenaza, sobre todos  los villacañeros.  Tragedia inevitable, porque fue es y será: El Hijo de Dios, como un cordero llevado al matadero será crucificado en Villacañas.  Se vivirá el drama en nuestras calles. Un mensaje de esperanza envuelto en la primavera también anuncia que el aparente fracaso será convertido en éxito: Cristo resucitará entre los muertos.

Nuestro Pueblo será Jerusalén en el siglo I. El espejismo del tiempo se ha desvanecido. El ciclo retornará. No es historia pasada es tiempo reactualizado. Revivido, casi mítico, vivido en los corazones.  

La ermita de San Roque será testigo del camino iniciático que se empieza con Jesús subido a la borriquilla, entrando en Jerusalén, con palmas y ramos. Saludando al rey, al Mesías. Alegría desbordada en forma  de cánticos y revestida de palmas y ramas de olivo. Primavera pregonada por los rincones de Villacañas. Estandartes de todas las hermandades. La cofradía de San Juan Evangelista, los blanquillos. Blanco y rojo. Pureza y sangre. Esplendor y gloria amenazados por el destino.  La plaza recibe triunfante al Señor. Posteriormente será el pretorio  donde será condenado. Los soportales saludarán al hijo de Dios.

La ineludible  tragedia, tan inexorable como el tiempo, avanza  por el calendario de la Semana Santa. Llega el Jueves Santo. Nervios, últimos retoques florales a las carrozas, apañar las túnicas y capirotes, revisar lo que ya está revisado, porque días atrás van rondando por las casas los hábitos, anunciando que la Semana Santa está cerca. Últimos ensayos de tambores. Atrás quedan todos los esfuerzos,  las mañanas, las tardes y las noches de frío invierno, arrancado al aire sonidos furtivos de tambores y desgarros de corneta. Todo está latente. Esperando que llegue. Y es Jueves Santo y ha llegado. Los Santos oficios presagian lo que va acontecer. Cae la noche. La Luna testigo del drama, presagia la muerte.

Inquietud y emoción. Nostalgia. Sentimientos encontrados. Florecimientos de emociones. El mundo visto a través de un capirote. Avanzan las filas a golpe de tambor. Como decía Lorca, unicornios en la noche. Sombras triangulares, picudas y expresionistas sobre el asfalto.
La llama de las velas vacilando, destilando olor agridulce a cera. Iluminando  la noche eterna que lleva alojada una luna llena de esperanza.  Los truenos de los tambores pueblan el cielo villacañero de sonidos estremecedores, anunciando el inevitable final.

Cascos y lorigas de romanos refulgiendo en la oscuridad de la noche.

Jesús llorando su amarga Pasión en el huerto de los Olivos. Solo con la soledad de la incomprensión de Santiago y Pedro,  que están sumergidos en un sueño de ignorancia. Desconocedores de lo que se avecina. Amargura y tristeza. Lágrimas de sangre. Dolor. Sufrimiento. miedo a lo que va a venir. Estremecimiento.  Capas negras y túnica blancas de la Hermandad del Santo Sepulcro.

Flagelación. Cristo atado a la columna. Castigo cruel e injusto. Cuerpo llagado, rostro lacerado. Expuesto a las risas y al escarnio público. Sobrecogimiento interior.

Jesús Nazareno cargando con la cruz, con mi cruz, con la cruz de cada uno. Por eso podemos soportar las nuestras. Porque él las lleva. Lágrimas de emoción cuando sale caminado de la Iglesia, la imagen a paso de andero. Poquito a poco. Oscilándose. Recorriendo nuestras calles. Es él protagonista.  Custodiado por  los nazarenos, de hábito morado y cordón dorado. Saetas rasgando el aire. Grito desgarrador convertido en cantar hondo, profundo salido del alma.  Un quejido de dolor primigenio convertido en cante, cruzando el cielo de Villacañas, rompiendo el silencio como un relámpago en forma de lamento. Aplausos al terminar. Sigue caminando hacia su destino, al Calvario.

La Magdalena acompañando su dolor. No lo ha dejado solo. La amistad verdadera convertida en agradecimiento inmortal.  Las Magdalenas desfilando  con indumentaria orientalizante.

San Juan, el discípulo  amado nunca le abandona. Ha comprendido su mensaje. A continuación el Cristo crucificado con la advocación de El coloquio. Vestidos  los cofrades con traje rojo, como la sangre redamada por Dios, como la sangre que nos da la vida. La madre Dolorosa llorando por su hijo. Lamento desgarrado de una madre que ha sufrido siete dolores. Que ha sufrido por la humanidad entera. Que sufre por mí y por ti.  Capas castellanas acompañan a su madre, a nuestra madre.

Noche amarga y triste. Intensa y extensa. Larga como el suspiro desgarrador de la muerte de Dios.

Hora Santa. Cristo hecho Eucaristía. Amor y fraternidad. Luto y dolor.  El vía crucis matutino con el Cristo de El Coloquio, evidencia lo acontecido. Muerto el hijo de dios. Dios sufriente. Muere como nosotros. Para rescatarnos de la muerte diaria. De la rutina y del sinsentido. Se ha hecho uno de nosotros para dar sentido a nuestro sufrimiento. Para que no le reprochemos que Dios no sufre. Dios también sufre con un dolor que traspasa el cosmos.

Mirad el árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo se cantará con el Cristo del Coloquio el Viernes Santo en los oficios vespertinos. Árbol que ha dado a Cristo, como  fruto más sublime. Libro que nos enseña a superar la muerte con la vida. Tratado filosófico sobre el dolor que se ha metamorfoseado en plenitud y felicidad. Tinieblas transformadas en luz. Una respuesta verdadera a la pregunta más trascendente. Debilidad convertida en fortaleza. Muerte florecida en resurrección.

Salvación frente a condena. Desasosiego vencido por la tranquilidad de la conciencia y el deber cumplido. El odio derrotado por el Amor. Desesperanza anulada por la esperanza. Fracaso transformado en éxito. La agonía  de Getsemaní y la extenuación del Gólgota,  aniquiladas por el aliento vital.

El velo de la falsedad y la mentira rasgado por la verdad. Trono donde reina el Rey de Reyes, el rey de nuestros corazones.

La muerte tiñe de tristeza y de sombrío silencio toda la atmósfera villacañera.  La noche del viernes santo se extiende como una losa sepulcral.  El Calvario. Tremenda escena. El Cristo del Coloquio acompañado  de su madre y su discípulo amado. Jesús es traspasado por Longinos.

La madre ha acogido a su hijo muerto en su seno. La Piedad. Acogiendo la Virgen a su hijo, como la tierra fértil recibe la semilla. La cruz desnuda envuelta en el sudario. Los nazarenos avanzan. Inseparables San Juan y la Magdalena, fieles hasta el final. Coherencia pétrea, inamovible.
Cristo muerto. La frustración y las sombras reinan temporalmente. La muerte ha vencido aparentemente a la vida.  La Virgen de la Soledad acompaña el cuerpo de su hijo muerto. Mantillas de luto. Rosarios y escapularios devocionales.

 La ermita del Cristo de El coloquio es el sepulcro, es enterrado ahí, envuelto por  una marcha fúnebre interpretada por la banda de música. Nuestra banda de música que pone la banda sonora del drama de manera magistral. Todo se ha cumplido. El ritual sigue.

Desesperanza, vacío, pena y nostalgia del Sábado de Gloria por la mañana. Recogida de algunas imágenes. Ambiente de derrota.

Vigilia Pascual. La luz vence a las tinieblas. Jesús ha resucitado. Domingo de Resurrección. Algarabía. Alegría, triunfo, reconocimiento de San Juan de que Dios ha resucitado. Haciendo sus reverencias. Ya la Magdalena le había  avisado previamente de que había visto vivo al Señor.

Aviso a su madre. Las penas se convierten en alegría al ver a su hijo resucitado corriendo por la Calle Mayor. La mantilla de luto se convierte en  un manto blanco. Júbilo y alegría, tambores sonando de felicidad. Es el sonido del triunfo.

Ahora sí que todo se ha cumplido. Procesión de Domingo de Resurrección, solo por esta la Semana Santa villacañera se merecería ser por lo menos reconocida como Fiesta de interés turístico  provincial .

Mientras en la mente de todos los villacañeros está presente lo vivido. Esperando que otro año llegue, que el ciclo se vaya cumpliendo.

Se guardarán con nostalgia las túnicas y los capirotes, las velas y las tulipas, pero con la esperanza de que ya queda  menos para el próximo año.

Y mientras la Pasión se vive  en la vida cotidiana. Se sublimarán los sentimientos y las acciones comparándolas con la Pasión de Cristo. Explicando nuestra vida a la luz de los misterios celebrados. Y recordaremos a La virgen de los Dolores, cuando un madre llore y sufra porque su hijo está en paro, o enfermo o lo esté pasando mal por cualquier  cosa.

Y recordaremos el valor de la amistad de no traicionar nunca y sobre todo de no traicionarnos a nosotros mismos, que fue la gran traición de Judas. Y recordaremos con San Pedro y lloraremos lágrimas de angustia cuando neguemos a Dios y nos neguemos a nosotros mismos, cuando neguemos nuestra identidad de cristianos en nuestra vida cotidiana.  Y sufriremos la corona de espinas de la incomprensión, al pasear por las mismas calles en las que hemos celebrado la Semana Santa. Y sentiremos el peso de la cruz de la vida cotidiana, de la rutina, del sinsentido. Y sentiremos también como no la entrada triunfal en nuestro pueblo, cuando nos sentimos queridos, cuando hacemos nuestros sueños realidad.

Y sufriremos pero será el dolor más llevadero por la  esperanza de la Resurrección, con el pensamiento de que el dolor se convierta en alegría, que no hay mal que cien años dure. Viviremos la alegría de la amistad, de las buenas obras.

Tradición y renovación. Devoción hecha rito. Semana Santa popular y devota. Las fiestas transforman el tiempo y el espacio.  Atrás quedaron los inicios de aquel tiempo casi legendario cuando las procesiones eran por la tarde, anterior a la guerra Civil, las calles polvorientas y terrosas. Prácticamente caminos jalonados por arquitectura de cal impoluta blanca como sudarios. De zocalillo añil, como si el cielo se hubiera hospedado.

Atrás quedaron los disciplinantes de la hermandad de la Virgen de los Dolores, las coronas  (ahora convertidas en una mera misa), dramáticas, lúgubres, bordeando casi lo tétrico. Misteriosas, iniciáticas, penitenciales.  Atrás quedaron los sermones de los predicadores durante las septenas, perviviendo la septena de la Virgen de los Dolores en el tiempo.
 
Rompiendo tópicos a través de los documentos históricos. Parece que tiene nuestra Semana Santa cierto complejo, de no ser muy antigua, de no ser de una larga tradición. Tópicos y prejuicios y complejos, que adolece  a todo lo referente a lo villacañero, fruto de la ignorancia y de la humildad excesiva, casi enfermiza de los manchegos.  Se tiene constancia por las partidas de defunción que se conservan en el archivo parroquial que en 1684 ya existía la imagen del Santo Cristo del Sepulcro y en 1685 Nuestra Señora de la Soledad. Ya nos hablan de imágenes propias de Semana Santa.

La hermandad del Santísimo Cristo del Coloquio ya existía por lo menos en 1749 y la de la Virgen de los Dolores fue  fundada en 1770.

Atrás quedó la Resurrección de la Semana Santa  de la Posguerra, haciendo nuevas imágenes y pasos, pues todo quedó destruido por el sinsentido, la ignorancia y la crueldad de una guerra fraticida. Surgieron nuevas imágenes destacar la de  Jesús Nazareno y la virgen de los Dolores esculpidas por el gran imaginero Tomás Parés. Salieron por primera vez penitentes con sus capirotes cónicos, reminiscencias de cultos lunares. Penitenciales y sobrios. Los primeros en salir fueron 21 nazarenos en 1945, a partir de ahí una explosión de color y variedades que han llegado hasta la actualidad.

Después  vinieron años de esplendor y también  de declive, de incomprensión, también  de prohibiciones procesionales  amparadas en la decadencia. Para resucitar de nuevo en 1991 con nuevo esplendor, con autenticidad y devoción fervorosa.

Esta Semana Santa manchega, sobria como todo lo castellano. Mística. Recogida, respetuosa. Una emoción de primavera pura como el cielo manchego, amorosa  como la tierra villacañera.

Semana Santa dispuesta a acoger lo que todos llevamos dentro. Preparada para alumbrar la verdad eterna. Que el bien vence al mal, la luz a las tinieblas. La vida a la muerte. Metamorfosear el dolor en fortaleza recobrada, en vitalidad recuperada en alegría infinita.

Un recuerdo para los que nos precedieron y nos emocionaremos con su recuerdo y las tradiciones que nos legaron. Porque somos los que fueron ellos. Y  sonreiremos cuando un niño, pequeño a penas pueda dar un paso dificultoso porque le pesa su capirote, pero le vemos satisfecho porque el futuro está garantizado. Y la vida  la fe seguirá.

Y vendrá el futuro con nuevos proyectos, como este de hoy hecho realidad. A ver si se institucionaliza  y se hace cada año un pregón de Semana Santa. Y a ver si hay nuevas procesiones en Semana Santa como la de Jesús de Medinaceli, propuesta por la cofradía de Jesús Nazareno para que salga el martes santo, desde aquí pido  la ayuda de todos para que sea posible este sueño. Rompiendo incomprensiones y recelos. Pues todo es para gloria de Dios.
Porque así se ha hecho la historia, así  se ha construido la Semana Santa a base de sueños, de ilusiones, de lágrimas y de sonrisas por el deber cumplido.

No he venido a  pregonar a un dios de  muertos si no de vivos, vengo a recordaros la grandeza de nuestra fe, que muchas veces se olvida porque queda enmarañada en la rutina de la vida diaria. En las prisas y en el sinsentido. He venido a explicaros con las palabras lo que plásticamente se expresa en nuestras calles durante la Semana Santa.  Los sentimientos venciendo a la razón. Las emociones guiando durante estos días, nuestras vidas, al margen de las preocupaciones y las normas  y horarios de la vida diaria.

Y le pido Jesús Nazareno que me cubra mis heridas con las suyas. Que me supla mi cansancio con el suyo. Sus fatigas  las sustituya  por las mías. Y a la Virgen de los Dolores le pido  “con tan acerbo dolor, Oh Virgen cuando expiremos haced que el alma entreguemos en los brazos del Señor. Y al Santísimo Cristo del Coloquio le pido como el buen ladrón que en el día de mi muerte pueda estar con Él en su Reino.




Sea este un homenaje a todas las personas que han hecho posible que la Semana Santa se haya perpetuado en el tiempo, a todos los que con su labor callada y silenciosa, hacen posible que Cristo pasee por las calles de Villacañas y reactualice, cada año su Pasión, Muerte y Resurrección.

A todos los que en el silencio de la noche se visten con el capirote, se transforman exterior e interiormente y nos hacen creer de nuevo cada año en Dios y en el ser humano. A todos aquellos que rompen el silencio de la noche con un tambor expresando el dolor lleno de esperanza de la Pasión, a aquellos que con su voz rasgan el aire cantando una saeta.  Para todos los que renuevan este drama cósmico en las noches de Semana Santa. Para todos los villacañeros. Para todos los que habéis escuchado este remedo de pregón.

Muchas gracias.

ÁNGEL NOVILLO SÁNCHEZ DE PEDRO
VILLACAÑAS  IGLESIA PARROQUIAL A 24 DE MARZO DE 2012

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